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Conductas sexualizadas en niños y niñas. Aprendizajes a partir de un caso.

Conductas sexualizadas en niños y niñas. Aprendizajes a partir de un caso.

Por
Claudia Sánchez Salamanca

 

Con mucha frecuencia recibimos consultas donde la mayor preocupación de los adultos tiene relación con la presencia de conductas sexualizadas por parte de niños o niñas.

Un caso que ejemplifica esta situación es la de una madre que pide asesoría porque su niño de 6 años le pidió a su hermanita de un año que le chupara su pene. Cuando la madre lo descubrió de manera accidental, reaccionó castigándolo físicamente con palmadas y golpes y le prohibió que volviera a hacerlo con su hermanita, explicando que “eso no se hace de chiquito”.  El niño no hablaba del tema pero se sintió culpable y sabía que lo que había hecho estaba mal, pero no aprendió las razones por la que esta conducta fue inadecuada.

En casos como estos es importante que la intervención se centre en dos grandes áreas: comprender los orígenes de las conductas sexualizadas y brindar pautas para detenerlas, tanto a los adultos cuidadores como al niño.

Al explorar las raíces de la conducta es importante preguntarse: ¿Es sólo curiosidad? ¿Es el reflejo de una situación que él ha visto? ¿Él está repitiendo algo que puede estarle pasando a él por parte de otra persona? ¿Dónde y cómo aprendió esta conducta? ¿Cómo se expresa la conducta y qué la dispara? Explorar estos temas debe ser tanto con el niño como con su contexto familiar e incluso con el contexto escolar, si es posible.

En este caso en concreto, había varios factores que podrían estar influyendo en esta conducta, uno de ellos es que el niño utilizaba una tablet con conexión a internet y en más de una oportunidad estuvo viendo videos pornográficos. Es probable que los haya visto inicialmente por accidente, o porque algún otro niño se los hubiera mostrado y luego porque él los buscaba deliberadamente. La pornografía es nociva pues engancha a los niños y niñas rápidamente y les transmite información sobre la sexualidad profundamente inadecuada. Por un lado, les enseña a considerar al cuerpo de otros como un objeto sexual que puede usarse solo por el deseo de sentir cosas agradables, desconociendo completamente nociones de dignidad, privacidad, respeto y conexión emocional. Por otro lado, la pornografía los incita a comportamientos sexuales precoces y puede generar adicción.

Al realizar la entrevista a los padres, el padre dice que “esos temas se los debe enseñar la mama, yo no me meto en esas cosas”, pero la madre tampoco le habla al niño, solo lo castiga físicamente cuando encuentra la situación. En este hogar, sobre la sexualidad no se habla y cuando exploramos su propia historia familiar, a ellos tampoco nadie les explicó sobre el tema. Igualmente se identificó que el niño permanece los sábados con sus primos adolescentes jugando videojuegos, en un lugar distinto a su casa y sin ninguna supervisión de los adultos.

Para intervenir en estos casos, puede ser de utilidad tener presente las siguientes sugerencias:

Intervenciones con el niño: Con el niño se puede trabajar los siguientes temas, utilizando el juego y asegurando un buen enganche terapéutico:

  • Comprender las situaciones que pueden estar relacionadas con el aprendizaje o exposición a estas conductas. Evaluar y estar atentos a posibles situaciones de victimización. Muchos niños repiten conductas sexualizadas que han vivido y las actúan con otros niños y niñas.
  • Enseñar las partes del cuerpo, nombres y funciones
  • Explicar conceptos de “publico” y “privado”. Privado es todo aquello que nos pertenece y es sólo nuestro. Existen objetos privados (por ejemplo, el cepillo de dientes), situaciones privadas (como ir al baño), conversaciones privadas, y lugares privados. Así mismo existen objetos, lugares, conversaciones y situaciones que son públicas.
  • Comprender cuáles son sus “partes privadas”. Son aquellas que están debajo de su ropa interior o su vestido de baño; son solo suyas y deben ser cuidadas como cuidamos todas las partes de nuestro cuerpo.
  • Enmarcar la conducta sexualizada como no adecuada y explicar claramente las “reglas en la sexualidad” tales como: las partes privadas no se muestran en público, no se toca las partes privadas de nadie y nadie toca sus partes privadas. El niño o niña debe tener claridad de los límites de estas conductas, los cuales deben ser basados en el respeto y la consistencia.
  • Enseñar habilidades de autoprotección, las cuales incluyen: identificar situaciones de riesgo, diferenciar entre secretos buenos y malos y qué hacer con ellos, formas de tocar adecuadas e inadecuadas, aprender a para decir No, identificar y pedir ayuda a un adulto protector.
  • Dialogar con él sobre los peligros y daños de la pornografía

Intervenciones con los padres:

El apoyo de los padres es fundamental para promover acciones de protección y para generar acciones coordinadas con los niños en casa. Se sugiere trabajar los siguientes temas:

  • Evaluar con los padres si estas conductas sexualizadas pueden corresponder a algún tipo de situación abusiva y si fuera el caso, activar las rutas de atención y denuncia pertinentes.
  • Permitir un espacio de conversación sobre el significado que ellos asignan a las conductas sexualizadas de sus hijos. Es muy importante hablar clara y abiertamente sobre estos temas para comprender y aclarar sus miedos, preocupaciones, creencias, expectativas e incluso experiencias personales e historias familiares que enmarcan su comprensión sobre estos hechos.
  • Conversar sobre los peligros de la pornografía y su incidencia negativa en el desarrollo de la sexualidad.
  • Ayudar a los padres a comprender el desarrollo normal de la sexualidad de acuerdo a cada etapa del desarrollo y apoyarlos para brindar información a sus hijos de manera coherente y asertiva
  • Asesorar en formas respetuosas y firmes de poner límites a las conductas sexualizadas, de modo que sean consistentes y respetuosas.
  • Analizar y enseñar acciones de protección y supervisión con los hijos. En este sentido es importante que supervisen con quien dejan a sus hijos, el acceso a programas de televisión, evaluar diferentes situaciones de riesgo tanto en el uso de internet como en los espacios con otras personas, tratando de evitar situaciones donde el niño o niña este solo, sin supervisión.
  • Fortalecer a los padres y madres en la comprensión y formas de enseñar a sus hijos las habilidades de autoprotección descritas anteriormente. En ocasiones puede ser muy útil invitar a los padres a sesiones conjuntas con sus hijos donde se enseñan estas habilidades, para modelar formas lúdicas y claras para hablar sobre estos temas.
  • Orientar a los padres en pautas de crianza y en formas de disciplina sin violencia con el fin de que aborden esta situación desde la perspectiva del apoyo y la educación y no desde el castigo y el temor.

 

Intervenciones con el sistema educativo:

Es muy frecuente que las conductas sexualizadas ocurran también en el ambiente educativo. Si ese es el caso, es recomendable:

  • Hacer reuniones interdisciplinarias con el fin de comprender los contextos en que esta conducta se presenta, disparadores, manejo realizado en el colegio e información general que permita ampliar la comprensión del caso.
  • Hacer acuerdos de manejo que sean consistentes y en coordinación con los límites establecidos en casa.
  • Mantener una comunicación frecuente para hacer seguimiento del caso.
  • Si la situación corresponde a una sospecha de abuso sexual, activar las rutas internas y externas de notificación y apoyo.
  • Evaluar si las conductas sexualizadas están relacionadas con temas de ansiedad por dificultades en el desempeño académico, relaciones sociales o dificultades cognitivas de algún tipo y hacer las remisiones para evaluación y tratamiento correspondientes.

 

Las conductas sexualizadas siempre deben ser comprendidas como señales de alarma que obligan a todos los adultos a estar atentos frente a situaciones de riesgo de abuso sexual o en casos menos graves, a brindar asesoría, educación y límites.

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